Cada parte ha cambiado, pero seguimos en rumbo. Nos reconstruimos mientras avanzamos, navegando entre lo que fuimos y lo que somos ahora.
Inspirado en la paradoja de Teseo
Esta obra reflexiona sobre la identidad en transformación. Aunque cada parte haya cambiado, el rumbo permanece. El espejo nos confronta con nuestra propia reconstrucción, invitándonos a aceptar que seguimos siendo nosotros mismos, incluso cuando ya no somos quienes fuimos. Una metáfora del viaje interno que implica avanzar y soltar, sin perder el eje.